De lo que hablo es que una cosa es ese valor natural, esencial, original e interno que tenemos todos los seres humanos y otra cosa es el valor con que nos percibe la sociedad.
Sabemos que un obrero que lleva 2 o 3 años desempleado es valioso para Dios, pero desde la perspectiva utilitaria de la sociedad no es visto de la misma manera. Imaginemos que este hombre comienza a comportarse con un ego inflado que busca tapar ese hueco y la idea que te planteo te irá haciendo más sentido.
O imaginemos a una mujer muy atractiva físicamente, pero llena de experiencias tempranas de rechazo, invalidación, crítica excesiva por parte de sus padres, abandono, ¿sería sorprendente que su psiquismo (conjunto de procesos mentales) comience a buscar un sustituto para esos cimientos inestables con una fachada imponente “de que ella es tan bella que ningún hombre la merece”?
Hablo en un lenguaje que plantea explicaciones psicológicas, pero las explicaciones psicológicas siempre son incompletas, porque el ser humano no es solo un ser psicológico y emocional, sino primeramente espiritual. No hay reemplazo en ningún consultorio para las necesidades espirituales del ser humano, como dice la frase atribuida a Blaise Pascal: “El ser humano tiene en su corazón un vacío en forma de Dios que solo Dios puede llenar”.
La psiquis (o sea, la mente) es la tierra fértil que usa el enemigo de la justicia (Satanás) para sacar provecho de los traumas (palabra de origen griego que significa herida) los vacíos y carencias, las emociones mal gestionadas, los conflictos de carácter, los problemas de personalidad, las experiencias negativas en la infancia, adolescencia y vida adulta, también de las motivaciones destructivas y los pensamientos no sujetos a la obediencia de Cristo.
Así que cuando abordo el tema desde la perspectiva espiritual (que es la última y más importante de las explicaciones) el ego inflado, y las expresiones de grandiosidad al final son el resultado de un corazón desviado de la verdad de Dios (independientemente de los mecanismos y engaños, a veces autoengaños que suceden en la psiquis para llegar a ese punto). Sabemos que el corazón de los seres humanos es engañoso y perverso y que tanto los hombres como las mujeres amaron más las tinieblas que la luz.
Pero, en resumen, la realidad no debe ser entendida desde el antropocentrismo (la realidad centrada en el hombre, el hombre como medida de todas las cosas) sino entender que la esencia de la realidad es teocéntrica (que Dios es el centro de todas las cosas) y que hoy por la mañana amanecimos vivos y respirando una vez más, exclusivamente por su gracia y misericordia, por tanto, es sabio vivir con humildad.
Una persona con verdadera identidad, alguien que sabe que es Hijo de Dios, sabe también que el ego inflado es innecesario. Cuando va apareciendo el verdadero yo, la verdadera identidad, que es la identidad en Cristo, la persona entiende que -el falso yo- no simplemente se agrada al escuchar una validación social como: “Qué buena sabía la comida que cocinaste hoy” y siente en humildad agradecimiento por tener la oportunidad de servirle a otros, sino que ese -falso yo- busca validación mundana, necesita andar convenciendo a otros de su valor en un marco de realidad al cual no pertenece, desconectado cada vez más de su diseño original.
Y esa necesidad de andar convenciendo a otros, de andar fronteando, de andar exagerando cosas, en alto perfil y alabándose con sus propios labios, revela que en el fondo esa persona no está convencida de su propio valor, el valor que Dios le otorgó, por eso ese bizcocho pequeño necesita recubrirse con mucho suspiro y por eso ese pequeño pedazo de madera, esperen…
Ese pequeño pedazo de madera puede volverse una gran obra de arte si en humildad lleva sus partes rotas, rotas espiritualmente, rotas psicológicamente, rotas emocionalmente, rotas socialmente, rotas reputacionalmente, quebradas por la vida, a un espacio de carpintería ubicado en la ciudad de Nazaret. Allí el mejor Carpintero del Universo repara el ego inflado, las infancias rotas, las heridas en la psiquis, los traumas, la grandiosidad, el narcisismo y hasta todo tipo de trastornos de manera gratuita… incluso un millón de cosas que no mencioné en esta lista y hasta salva el alma. En una ocasión Él llevó una corona de espinas que, rodeaba su cabeza y hacía sangrar su frente, pues también pagó el precio por la sanidad de las heridas de nuestra mente. Todos lo necesitamos, creo que vive al fondo de la calle, pregunten por Jesús.

